Estudié Derecho porque quería entender las reglas del mundo, y hoy el papeleo y las leyes ocupan buena parte de mis días. Pero mucho antes de mi primer contrato, ya llenaba cuadernos enteros de plumas, pelajes y rostros. El dibujo nunca fue una afición paralela: es la forma en que siempre he mirado el mundo.
Trabajo casi siempre con lápices de color sobre papel de grano cálido, capa sobre capa, sesión tras sesión. No busco la rapidez ni el efecto inmediato — busco esa textura final en la que el pelo de un perro o las barbas de una pluma parecen casi táctiles. Cada obra tarda lo que tenga que tardar.
«Dibujo con la misma atención con la que leo la letra pequeña: cada detalle importa, y todos sostienen el conjunto.»
Mis temas favoritos son las aves y la fauna salvaje — hay algo en su quietud que me obliga a mirar más despacio — pero también dibujo mascotas con la misma devoción con la que sus dueños las quieren, y retratos de personas cuando la historia lo merece. No cierro la puerta a ningún encargo: si algo te importa lo suficiente como para querer verlo en papel, hablemos.